Perfiles: Jesús Espeja, OP
Jesús Espeja Pardo (Espinosa de Cervera, Burgos, 1931) es fraile dominico, teólogo y profesor emérito en la Pontificia Facultad Teológica de San Esteban de Salamanca. En su larga carrera docente, dictó cursos en varias Facultades Teológicas en España y en América. Durante un tiempo simultaneó su docencia en Salamanca con la dirección del Catecumenado Prematrimonial en la Vicaría de Vallecas formando equipo con el obispo Alberto Iniesta. Ya jubilado como profesor en Salamanca fue, varios años director del Centro Fray Bartolomé de Las Casas en La Habana; impartiendo también cursos en el Instituto Teológico y Pastoral del Episcopado Latinoamericano, en Bogotá. Todavía hoy sigue colaborando como teólogo en la HOAC. En su trayectoria se unen la preocupación por el diálogo entre fe cristiana y el mundo moderno, y la justicia social desde los excluidos. Lo refleja en su reciente libro “La eternidad en lo efímero” (Edibesa 2022). Exponente de la teología Española de la segunda mitad del s. XX y principios del XXI, ha vivido el impacto del Concilio Vaticano II en la Iglesia dentro de una sociedad en cambios profundos y rápidos.
¿La palabra «Dios» significa algo para la gente de nuestro mundo de hoy?
Creo que de algún modo, más o menos explícitamente, para bendecir, para blasfemar o como interrogante a veces muy silenciado, ese misterio puja en el corazón y en la vida de todos. Pero vemos cómo en nombre de Dios unos ayudan a otros, y en nombre de Dios unos matan a otros. Quiere decir que esa palabra tiene distintos significados. En un interesante y concienzudo estudio sobre la creencia de los españoles en Dios, 1999, el filósofo dominico Bernardo Fueyo transcribía un texto de B. Pascal: muchos “se imaginan que la religión cristiana consiste simplemente en adorar a un dios grande, poderoso y eterno. Eso es propiamente el deísmo, tan distante de la religión cristiana como el ateísmo”. Al buen entendedor pocas palabras.
¿Qué es la Iglesia para usted?
Es la comunidad de personas que viven le experiencia vivida de modo singular por Jesús de Nazaret: Dios es Presencia de amor en quien todos existimos; seducidos por esa Presencia como se ha manifestado en Jesucristo, crecemos en humanidad relacionándonos con los demás desde el amor. En esta fe o experiencia nace la comunidad cristiana, organizada visiblemente, para ser signo creíble de que todos los humanos, habitamos en esa Presencia de amor y debemos construir la fraternidad universal.
Los bautizados convocados por el Espíritu de Jesucristo todavía estamos en camino, ansiando ser lo que aún no somos. Por eso la Iglesia ya impulsada por el Espíritu, también está marcada en sus miembros, en sus estructuras y en sus instituciones por el pecado: la cerrazón egoísta y el no a esa Presencia de amor que continua y gratuitamente se está dando en todas las personas y en todos los acontecimientos. Hay que amar a la Iglesia respirando su anhelo profundo de llegar a ser lo que ansía ser, y combatiendo la cizaña también sembrada en nuestro propio corazón, en todos los cristianos, y en la organización eclesial.
Un lugar en el mundo:
¿Vallecas? ¿Cuba?
¿Su comida favorita?
En la memoria del gusto recuerdo naranjas en Valencia, mangos en Venezuela, chirimoyas en Nicaragua, bananos en República Dominicana…
Un teólogo imprescindible al que hay que leer
Me siento deudor agradecido a teólogos españoles de hoy sensibles al Evangelio y a los signos de nuestro tiempo. En la actual situación de la sociedad española me parece referencia imprescindible la teología del Vaticano II en la Constitución “Sobre Iglesia en el mundo actual” y la Declaración “ Sobre la libertad religiosa”.
El último libro que ha leído.
Últimamente he releído tres breves publicaciones que apuntan en la misma dirección y pueden ser como capítulos de aproximación a nuestra realidad. Gianni Vattimo, Creer que se cree. Peter L. Berger. Los numerosos altares de la modernidad. Y José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.
¿Cómo ve la situación religiosa española actual?
En trance de cambio alborotado y confuso. Algo nada extraño en la situación de los pueblos europeos y menos aún en la historia de la sociedad española durante mucho tiempo bajo tutela de la religión católica.
En sintonía con los aires modernos puja una laicidad que se ve amenazada por la cerrazón de algunos al cambio, y por la obsesión de otros en que la religión católica pase de monopolio al expolio.
No era fácil a nuestra sociedad española todavía en el nacionalcatolicismo, la recepción del Vaticano II. Hay que agradecer las intervenciones de la Conferencia Episcopal, presidida por el Cardenal Tarancón, concretando en nuestro suelo la orientación del Concilio. Pero queda pendiente la tarea: que la Iglesia se libere de una presencia pública de poder, y vaya logrando una presencia pública profética en una sociedad laica y plural.
Cómo ves hoy esa tarea
Nada fácil, apasionante y de larga duración
Nada fácil no solo porque supone la conversiónde la comunidad cristiana al Evangelio. También por los prejuicios y malentendidos, incluso entre los mismos cristianos. Jesucristo es desconocido, deformado y disfrazado en imágenes colectivas, latentes o explicitas, de buena parte de los españoles. Por otro nuestra sociedad está cargada de historias, experiencias y vivencias negativas, con más o menos fundamento, acerca de la Iglesia, del clero y de la moral católica.
Tarea apasionante porque implica volver a Jesucristo, rectificar las falsas imágenes sobre la Iglesia y liberar al cristianismo de su inculturación aburguesada.
De larga duración. Porque las culturas, con sus creencias, patrones y mentalidades no cambian en dos días. Hay que tener coraje de futuro apostando por el cambio pacientemente y en solidaridad con los que vengan después.
¿Ha sido feliz en su vida?
Con muchos fallos, he intentado ser yo mismo en las distintas situaciones
¿Qué recuerdo, que momento de su recorrido, le ha marcado más?
El encuentro con los empobrecidos en América Latina
¿Qué dice un teólogo, con una carrera tan larga como la suya, de los cambios vividos por la Iglesia en el siglo XX?
Los cambios son normales en la humanidad todavía en camino hacia su plena realización. En su evolución ya está presente y activo el Espíritu Santo. La Iglesia, parte de esta humanidad y animada por el Espíritu, también camina en el tiempo. En el s. XX la modernidad fue leída por el Vaticano II como un signo del Espíritu. Y esa lectura supuso un cambio saludable para la Iglesia. Doy gracias por que se me ha concedido vivir en estos tiempos de cambio. Creo en el humanismo de la humanidad que, según mi fe o experiencia cristiana, tiene su fundamento y garantía decisiva en esa Presencia de amor, en Dios revelado en Jesucristo, en quien todos y todo habitamos.
¿Un momento del día?
Cuando, ya terminada la jornada, me retiro para descansar
¿Qué es orar?
Abrirme confiadamente a esa Presencia de amor que a todos y a todo da vida y aliento
¿Cómo se puede experimentar a Dios?
En todos las personas, en todos los acontecimientos y a pesar de todo
¿Tiene algún proyecto en marcha?
En la serenidad y sin agobios medito sobre las implicaciones de la encarnación continuada, y sobre la nueva presencia pública que el Espíritu está sugiriendo a la Iglesia en el mundo y en la sociedad española. Sobre todo es tiempo oportuno para madurar en mi experiencia de fe antes que anochezca el día.
