Perfiles

Perfiles: Antonio Luis Ferreira

Antonio Luis Ferreira Siles (Alcalá la Real, Jaén, 1973) es psicólogo especializado en el acompañamiento familiar, centrado en el mundo educativo,jiennense afincado en Sevilla, donde vive junto a Patricia y Martín, su mujer e hijo de 4 años.

Licenciado en Ciencias Eclesiásticas, Filosofía y Psicología, profesión está última a la que se dedica en cuerpo y alma. Ha sido profesor de secundaria con las jesuitinas durante más de una década. Dirigió el Departamento Pedagógico de Escuelas Católicas de Andalucía y la Fundación Educativa Santo Tomás de Aquino. Actualmente es profesor de Ética Social y Profesional en el grado de Psicología de la Universidad Loyola de Andalucía y colabora con la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Imparte cursos y conferencias sobre educación y es un abanderado de la Disciplina positiva. Su último libro se titula Piensa del revés y acertarás, con una pizca de Psicología y Filosofía.

¿Qué es educar?

¡Fuerte empezamos!

Al igual que los “tutores”, esos palitos a los que el agricultor amarra la planta,  tierna aún, con el fin de ser “cuidado y guía” al mismo tiempo, los dos ingredientes básicos de la tarea educativa son el respeto y la firmeza. Resumiría la educación como la paciente y amorosa tarea de acompañar para que el menor aprenda a elegir lo mejor para sí.

Un lugar en el mundo:

Alcalá la Real, mi pueblo y en el campo.

La última película o serie que has visto:

Argentina, 1985

¿El mejor momento del día?

Al amanecer del fin de semana. Cuando todos duermen, y tienes la fantasía de que eso durará horas y podrás hacer todo lo que quieras. Por fortuna una vocecita dice “papá” y descubres que tampoco tenías tantas ganas de hacer cosas.

Un libro que ahora esté en tu mesilla de noche:

Tengo varios. Me gusta leer a retazos y no siempre los termino. Mi libro de cabecera es el Quijote, ahora me estoy releyendo El curioso impertinente. También tengo La biografía del Padre Arrupe de Lamet, La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han y mi última adquisición ha sido Los secretos de la memoria, del biólogo Héctor Ruiz Martín.

Un viaje soñado:

Volver a África. Con camioneta y al lado de los misioneros que son, sin duda, las personas más veraces con las que me he tropezado en la vida. Rebosan de Dios y, por tanto, de humanidad. Deberían dirigir el mundo.

¿Practicas algún deporte?

Patino. Se parece mucho a volar.

¿Existe la disciplina positiva?

Por supuesto que sí. Pero se necesita a un adulto dispuesto a modificar sus patrones neuronales arraigados desde siempre. Los que peinamos canas fuimos educados en el castigo, después quisimos compensar educando en la permisividad. Dos formas de maltrato. Ahora, algunos quieren volver al castigo. La infancia necesita adultos conscientes que acompañen procesos, y que lo hagan respetuosa y firmemente. Es fácil decirlo y complicado ejercitarlo, como todo lo que merece la pena. La mediocridad está siempre al acecho y hay que estar vigilante. Marisa Moya advierte al adulto que educa: “O te enamoras del proceso o tienes un problema. En educación los trucos no funcionan”. Infligir dolor, humillar o permitir son trucos, funcionan a corto plazo, pero pasan factura.

¿Alguna profesión o vocación frustrada en tu vida?

De pequeño siempre quise ser veterinario, de adolescente meteorólogo. Me siguen gustando mucho los animales y todos los días (sin falta) consulto la predicción del tiempo. Algo ha quedado. Empecé a ser psicólogo un poco tarde, con 33 años y ahora no lo cambio por nada. Victoria Camps en su elogio de la duda habla del inconmensurable fruto de no tener las cosas claras.

¿De veras la educación puede transformarse?

¿Alguien aceptaría un tratamiento médico con fármacos y técnicas de hace cien años? Al igual que otras ciencias, la educación necesita parar y revisar. Afortunadamente, muchos lo están haciendo, y otros se están subiendo al carro. La neurociencia y otras disciplinas nos están contando cosas. Hay que afinar el oído. Decía Ortega y Gasset que el ser humano (a diferencia del animal) cuenta con un “dentro”, un “sí mismo” al que puede retirarse para reflexionar y elaborar un plan. Después hay que atreverse a cambiar. No hacerlo es vivir en el aburrimiento. Mucha gente todavía no ha encontrado la forma de salir de ahí.

¿Qué música sueles escuchar?

Ninguna en particular. El último concierto al que asistí fue en la bienal de flamenco.

¿Hemos salido realmente mejores de la Pandemia del Covid?

Unos mejor, otros peor. Depende de la actitud. El victimista aprovecha cualquier crisis para seguir siendo un desgraciado, el optimista en cambio ve oportunidades donde apenas las hay. Y luego están los de a río revuelto… Mucha gente, por desgracia, ha quedado tocada y hundida. En cualquier caso, la pandemia ha sido un aviso a navegantes: necesitamos cooperar, no competir. Tenemos en el horizonte otros retos mucho más dramáticos. No quiero ser agorero, pero no tengo claro que lo vayamos a aprender.

¿Se puede «enseñar» la fe, a Dios?

Claro que sí. La fe no es un mero contenido, mucho menos una ideología. Hablamos de seguir a Jesús, lo que implica contemplarlo, tratarlo e imitarlo. Es una forma de ser, de estar en el mundo. El testigo despierta la fe en otros por lo que es. Deberíamos preguntarnos si Dios atraviesa nuestra vida de tal manera que otros puedan verlo. Lo no impostado se contagia.

¿Algún proyecto en marcha?

Me estoy reuniendo con un grupo reducido de padres y docentes en un hotel de Sevilla donde trabajamos sobre nuestro modo de educar. La Disciplina Positiva es la melodía de fondo. Estamos aprendiendo muchísimo. Es absolutamente emocionante escuchar a un padre decir que lleva veinte días sin gritar a sus hijos. Un niño que ha transitado por una infancia respetada difícilmente será un adulto agresor. 

¡Gracias!

A ti.