Esperanza y cambio. Por Olivia Pérez
Aquí estamos de nuevo. En este espacio para la palabra.
Les cuento que en estos últimos meses, un encargo que he recibido en mi trabajo, me ha hecho pensar y pensar sobre la Esperanza. No sé ustedes, pero a mí se me está haciendo cuesta arriba esto de mantener la Esperanza, en estos tiempos que corren.
Primero está Putin y Zelenskyy y la guerra en la que han metido a sus conciudadanos y, por extensión, a todos los demás. Los muertos son diarios ―que parece que es lo menos importante del enfrentamiento―, como las violaciones de los derechos humanos y las mentiras que nos cuentan. Se dice que la primera muerta en una guerra es la verdad, y me da la impresión que, en esta, no lo es menos.
En mi entorno de trabajo, ―por si no lo recuerdan, no tienen por qué, trabajo en Cáritas Valencia―, no hemos dejado de conocer las consecuencias de las subidas de los precios de la energía, y en consecuencia, de los suministros, los alimentos, el transporte, y todo lo demás. Las familias que ya no son capaces de vivir de manera digna, son cada vez más. Y el invierno, lo pondrá más en evidencia. Aunque la guerra haya ayudado a disparar los precios, les recuerdo que las subidas de los precios de la energía habían comenzado bastante antes de que Putin y Zelenskyy empezaran a mandarse misiles y a enviar soldados a la muerte. Alguien se está enriqueciendo a nuestra costa.
Y no quiero dejar de nombrar el verano sofocante que hemos pasado en el Mediterráneo, pero también en el resto de Europa y del mundo. Tengo una amiga a la que le gusta el calor y que está “encantada” con el cambio climático. También tengo cerca personas que dicen que estos episodios de calor los hemos tenido siempre. Pero a mí me sorprende que no seamos capaces de ver que esto va a más cada vez. Los episodios de calor extremo, frío extremo y lluvias extremas son cada vez eso, más extremos y cada vez más habituales. Si no es cambio climático, se le parece bastante, la verdad.
Pues eso. Que los motivos para la esperanza no son muchos. Y sin embargo… sin embargo, hay otras noticias que nos pueden ayudar a sostener la esperanza. Sobre todo, esas que tienen que ver con un cambio de mentalidad. Ya se habla ―y legisla― sobre la urgencia de tratar a las personas, a las mujeres, o a quienes piensan y sienten de forma distinta, de otra manera. Es habitual que, en nuestros círculos, haya conversaciones sobre el necesario cambio de comportamiento en materia de cuidado del medio ambiente o del trato a las otras especies. Es difícil no expresar malestar ante situaciones de desigualdad o pobreza o precariedad laboral, o de la necesidad de acabar con las muertes en las fronteras o en el trabajo. Incluso, la Iglesia empieza a hablar de la necesidad de establecer relaciones de reciprocidad entre mujeres y hombres. Son conversaciones impensables hace 100, 50, o, incluso, 20 años.
Algo nuevo está brotando…
Como esta Llama. ¿Lo ven?
Olivia Pérez Reyes
