Abrir boquetes, y lo que haga falta…
No eran mis esfuerzos los que estaban librando aquella batalla. No era mi fe, ni mis méritos, ni mi fuerza de voluntad las que me obtenían la paz en medio de la lucha. Ellos –mis hermanas, mi familia, tanta gente, todos vosotros– me cargaban sobre sus hombros. Abrían boquetes en el techo para hacer posible lo imposible. Creían más que yo en mi recuperación y en el poder de la oración. Y no dejaban de presentarme ante Jesús, para que yo no desfalleciera.
Leer más