Solidaridad

Un Amor que traspasa fronteras

Qué importante es escuchar a Dios que hacer arder nuestro corazón, y nos envía a salir de nuestra tierra, al encuentro del prójimo. La misión transforma nuestra mirada, nos abre el corazón para vivir la alegría del Evangelio, nos impulsa a ser testigos de su Amor, clamando ante las injusticias, traspasando fronteras, y poniendo a las personas en el centro, como hacía Jesús.

La frontera de la prisión: llegamos a la cárcel, en la oración un interno dice: “aunque la sociedad nos considere basura, somos perlas preciosas para Dios”, y así es. Uno nos cuenta que quiere bautizarse, que es el único de su familia que ha caído preso y ha decidido cambiar de vida. Escucharlos es un aprendizaje continuo, su pensamiento va más allá de las rejas, su conversión se hace paso a paso y sienten a Dios muy cerca acompañándolos.

La frontera de los papeles: un problema muy generalizado en el mundo, pero acuciante en República Dominican; donde hay muchas personas de origen haitiano, que no tienen regularizada su situación administrativa, aunque hayan nacido allí. Eso hace que no tengan derechos a educación, salud, jubilación… la política migratoria es muy agresiva, en hospitales cuando van a dar a luz o irrumpiendo en las casas de madrugada (saben que a esa hora están), y llevándoselos. Muchas veces a cambio de sumas importantes de un dinero que no tienen los sueltan, pero viven atemorizados. Desde Radio Seybo, se denuncian los abusos, se acompaña a las víctimas y se les ayuda en el proceso de conseguir regularizar su situación, que no es nada fácil.

La frontera de las diversas capacidades: Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas, tiene muchos adolescentes becados en El Seibo, entre ellos, un grupo de sordos. La profesora un día vio a uno de ellos con un cartel; “soy sordo, tengo hambre, dame algo” y decidió que tenía que enseñarles a comunicarse y a aprender una profesión que les permitiera vivir dignamente. Me tocó ir a comprar el uniforme con uno de ellos, al llegar la dependienta la preguntó la talla, pero estaba de espaldas y claro, no la oyó. Y cuando vi la cara de ¿por qué no me contesta? le dije que era sordo y enseguida se entendieron con los gestos. La sonrisa se dibujó en su cara cuando ya tenía su uniforme en las manos. Fue más fácil de lo que creía al empezar, pero pensé en su vida, en cuántas situaciones habrá barreras que superar y malentendidos que aclarar, porque al no conocer su condición, y que físicamente, no se ve, no es fácil. Pero está claro que cuando queremos, somos capaces de entendernos.

La frontera de la pobreza: una pobreza que va más allá de lo material, más allá del hambre, una pobreza que se palpa en las decisiones que toman, o en las preocupaciones que tienen. ¿Qué es más importante ganar más dinero en otra ciudad o quedarme con mis hijos?, que un niño de 9 años te diga que se va a trabajar, que haya ratones en casa y les preocupe más que no se coman la comida a las enfermedades que pueden transmitirles… Pero a la vez una pobreza que te enseña a compartir, que te dan lo poco que tienen, y lo comparten con alegría y cariño.

Gracias Padre por tu Amor, que me impulsa a amar, a tender puentes y cruzar fronteras. Que nunca deje de hacerlo.

 Belén Sánchez