El Sí al sueño de Dios para nuestra vida
Muchas veces en el camino cristiano hablamos de las renuncias, pero me gusta más pensar en positivo. Las elecciones que hacemos libremente para tomar un camino que nos lleve a hacer realidad eso que Dios ha soñado para cada uno de nosotros.
Siempre que celebro la Inmaculada, que lo hacíamos hace unos días, pienso en el Sí de María.
Un sí valiente, a pesar de los miedos, del qué dirán… Un salto al vacío sabiéndose sostenida por Dios.
Un sí confiado, en Alguien que sabe que la quiere y quiere lo mejor para ella.
Un sí libre, con sus dudas ¿cómo será eso?, sin dejarse llevar por la corriente, pero apostando por Él y su Reino.
Un sí alegre, con esa radicalidad de cuando has encontrado el sentido de tu vida y nada te para, es más se contagia.
Un sí transformador, que lo cambia todo, su vida y la nuestra. Un Dios que se hace Niño para enseñarnos a Amar hasta el extremo.
Un sí intercesor, que nos acercó a Dios para siempre a la humanidad entera.
Un sí comprometido, cuidó de Jesús, lo protegió huyendo a Egipto, le enseñó muchas cosas, guardó muchas en su corazón que no entendía, le pidió ayuda en la boda de Caná y le acompañó en el momento de mayor sufrimiento, al pie de la Cruz.
¿Cómo son nuestros síes?
Belén Sánchez Gil, OP
