Autocuidado
En los últimos años veo por todas partes el tema del autocuidado. Muy importante.
La lástima es que parece que ha pasado de ser un concepto de salud que invita a elegir hábitos saludables como el ejercicio o una buena comida, a venderte baños de espuma y caprichos varios que benefician económicamente a alguien, la mayoría muy centrados en el cuerpo. Unos pocos en la mente, muchos mal entendidos desde el punto de vista de la salud. Pero, ¿y mi alma, la estoy cuidando? En un paradigma holístico de la salud cuidar tu alma ayudará a tu cuerpo y a tu mente. Y tenerla estresada o ignorarla también afectará al resto de ti.
Para mí un ejemplo de este autocuidado es María, la hermana de Marta. Por eso el autocuidado que me vigilo de cumplir, sí o sí, es descansar en el Señor y dejar la lista de cosas pendientes a un lado de vez en cuando.
¿Qué formato tiene un spa para aliviar el alma? Pues está el circuito Padrenuestro, Oración contemplativa, Rosario, Confesión, Lectura Bíblica, Lectura Espiritual, etc… Escoge el que mejor se adapte a ti. Te prometo que nadie va a intentar cobrarte por ellos y notarás tu alma mucho más relajada. Incluso puedes darte el capricho alguna vez de ir a una eucaristía de diario porque ha sido un día duro para tu alma y necesita mimos adicionales.
En el día a día vas acumulando malestar, y si no te cuidas de dedicar un rato a buscar Su paz y soltar lastre, terminas tan llena de cosas feas que cómo vas a reflejar nada bueno. El rato de “relax” viene a ser un Marie Kondo de cosas inútiles para alcanzar esa paz. Dicha autora propone preguntarse si un objeto es útil o me hace feliz para considerar deshacerse de él. Aquí me pregunto: ¿ese sentimiento o pensamiento que tanto me ocupa, me hace feliz? O, lo que es similar: ¿es útil a Dios?
Pongámoslo en práctica con unos ejemplos.
En el trabajo estáis dándole vueltas a lo mal que hace Manolito tal o tal cosa. Para este o cualquier otro ejemplo similar, por norma general la crítica que no le llega a la persona no es constructiva, es cotilleo. Y aunque puede ser agradable chismorrear en grupo de terceros, la verdad es que no hace feliz a nadie. O hablas con Manolito y arreglas algo, o escoges otro tema de conversación.
Más situaciones hipotéticas.
Te sientes mal porque alguien no te está ayudando como crees que es mejor pero no quieres decirle nada porque «debería saberlo». A veces pienso que estaría bien incluir la asertividad en la catequesis además de pedir el don de sabiduría al Espíritu.
Otro ejemplo, cuando te obcecas de que alguien ha pisoteado tu orgullo, supuestamente, e inviertes mucho tiempo en darle vueltas. En la mayoría de casos, la afrenta está más en la cabeza que en la práctica o el orgullo tan hinchado que es normal que alguien tropiece con él. Claramente no me hace feliz. Fuera.
La paz que consigues dejando aparte todo eso vale muchísimo más.
Si pones en práctica alguno de estos tips de autocuidado etiquétame y rezaré por ti. Y no olvides seguirLE para más consejos sobre cómo tener el alma feliz.
Miriam Simón
