Solidaridad

No hay citas

No hay citas. Tres palabras que son actualmente el quebradero de cabeza sostenido de tantas y tantas personas migrantes que, aún reuniendo todos los requisitos para residir legalmente en nuestro país, son “impotentemente incapaces” de que la administración se digne a darles una cita para poder presentar todos sus documentos. El problema no es exactamente que hoy no hay citas, sino que seguramente mañana tampoco, y pasado tampoco, ni al otro ni el de más allá.

Hace unas semanas escribía sobre la ILP y la celebración porque el Congreso votó favorablemente para llevarla a debate en la cámara. Ojo, no para aplicarla, sino para debatirla. Este tema me llevó a pensar que, quizá, el texto de hoy podría comenzar con un titular – irónico, por supuesto – del estilo “de los creadores de la ILP más votada de la historia, llega no hay citas”, porque, con ironía o sin ella, el tema da para mucho.

No hay citas, en extranjería es una realidad. No hay citas porque no interesa que las haya. No digo nada nuevo. Es un tema problemático que cada vez se nos hace más bola. Para mí, de lo que se trata es de un tema con una doble moral de libro. Nos interesan los migrantes para los trabajos que muchos de “nosotros” ya no queremos; nos interesan para aumentar la natalidad; seguramente nos interesen para alguna otra cosa más…. pero en la superficie no nos interesa que residan legalmente en nuestro país, no les interesa a nuestros gobernantes, quizá tampoco a muchos de nuestros vecinos, pero se que, gracias a Dios, interesa y mucho a un sector enorme de personas. Personas humanas, sensibles, capaces de ponerse en la piel del otro, personas que se sienten interpeladas aún cuando la cita buscada no sea para ellas mismas. 

Volviendo a las citas, si tras numerosos intentos tienes la suerte de conseguir una cita, pasas al nivel 2.0 de gestiones: ir a extranjería, a la de Aluche por ejemplo. Lugar nada acogedor, una puerta para extranjería, otra para el CIE… no sé, no es que ayude mucho a ir con la mente fría. Quizá exagero, nunca se sabe. Llegados a este punto, cola, arco de seguridad, otra cola, aparecer en el listado del policía de turno y pasar a un escritorio. Algo más que posible es que te falte un papel porque, todo hay que decir que la web no es nada clara (y menos para quien acaba de llegar), los enlaces no funcionan y ya lo del pago a realizar requiere nivel experto. No es de extrañar que todo el que puede hacer un esfuerzo más, contrate a un abogado que le haga estas gestiones, quien a su vez tendrá a un becario sentado frente al ordenador con la única misión de dar al F5 hasta que, refrescando la página una y otra vez, aparezca una cita disponible.

Si algo te falta, vuelta a la calle, y con una alta probabilidad de que, al volver, el compañero de la puerta no te deje volver a pasar y te diga que tu única opción es sacar otra cita… de esas que no hay, por supuesto… vuelta a la casilla de salida del juego. Si tuviste suerte o fuiste un poco avispado, dentro te dieron algún papel que justificara que tienes que volver ese mismo día.

Por ejemplo: te falta un formulario (que no podías llevar porque el enlace de la web no funcionaba), y realizar un pago (al que tampoco se puede acceder online). Tienes 3 horas para que cierre esa oficina. ¡Comienza la carrera contrarreloj! Encuentra como acceder a internet, encontrar el formulario, descargar, buscar un lugar para imprimir…. Descargar también el documento del banco, intentar pagar… ¡pero cómo!, los bancos tampoco es que te faciliten las gestiones. Busca un cajero, y un tutorial en youtube… y claro, una tarjeta bancaria, de esas que no puedes tener si no resides legalmente en España…. En definitiva, una gymkana de gestiones que, solo de pensarlas, agobian y agotan a cualquiera. Te invitan a desistir cuando pensabas que habías llegado ya bastante lejos.

Si fuiste capaz de gestionarlo todo, entregas todos tus documentos y comienzas a tener sensación de satisfacción, hasta que el funcionario de turno te dice “tu documento estará en 30 días, pide cita para venir a buscarlo”. ¿Cita? ¿En serio? Pues claro, en ese procedimiento de citas en donde la respuesta es no hay citas. ¡Menuda sensación de desesperación y de impotencia!

¿Alguna vez te has visto en una situación así? ¿Cómo la viviste? O… ¿Qué harías? ¿Cómo la vivirías? Desde luego, es un tema que ha de interpelarnos, personalmente y como sociedad. Ya no solo hace falta la voluntad y un montón de documentos, para poder residir legalmente en un país, el mismo que hace unos años veía una pancarta colgando del Ayuntamiento de Madrid anunciando “Refugees welcome”; sino que hace falta mucho coraje, determinación, medios, capacidad para “echar carreras”…. ¿Qué más? ¿No debería bastarnos con tener un procedimiento justo y realista para quienes vienen a nuestro país a vivir, trabajar, cotizar y pagar impuestos?

Creo que tenemos una misión importante. Es urgente la lucha por humanizar nuestras instituciones. Hace falta dar muchos pasos más, que sean realistas y aplicables, que miren por el bien común.

Ojalá se sigan dando pasos y no nos quedemos con la celebración del titular sobre “la ilp más votada de la historia”, sino que seamos capaces de seguir incidiendo y reclamando procedimientos de cara a facilitar, de verdad, que las personas migrantes sean miembros con plenos derechos y obligaciones en nuestra sociedad.

Monica Marco, CSD