Migrantes, oportunidades y la ILP
Hace unos días, salí del metro en el centro de Madrid. Aún me quedaba un buen tramo de escalera cuando un grupo de chicos africanos, con su “manta” a la espalda, casi me llevan por delante. A mi y a todos los que subíamos, claro. En un primer momento hubo un cierto desconcierto y antes de que pudiera pensarlo mucho, estaba yo en la calle y ellos escondiéndose, como podían, escalera abajo. Como era previsible, por la calle se veía venir un grupo de policía, y los manteros, al verlos, habían recogido sus cosas y echado a correr.
No es la primera vez (ni la segunda, ni la tercera, ni la ….) que vivo un momento así. Tristemente se ha convertido ya en una escena bastante habitual, y me imagino que, así como pasa en Madrid, pasará en otros lugares. Reconozco que siempre me surge una mezcla de sentimientos: algo de impotencia, algo de enfado con el sistema, algo de desconcierto por las (falsas) expectativas con las que migraron estos chicos, algo de admiración por la gente luchadora a pesar de la adversidad y a la vez algo de decepción por la falta de oportunidades, algo de rabia por las mafias, algo de irritación por las trabas del sistema político que se olvida de que está al servicio de las personas…. La lista podría seguir… Esta “coctelera” es recurrente, pero aun así, me sigue dando pie a mucha reflexión.
Me lleva a pensar en las motivaciones que cada uno de estos chicos tiene para venir a Europa así. En la (des)información en origen, en la crispación en algunas personas en destino. Pienso mucho en cómo de mala, desesperada, indigna, con un futuro turbio… ha de ser cada una de las realidades como para que emprender este viaje, o más bien esta odisea, sea una opción que, al menos en apariencia, sea significativamente mejor.
Luego pienso en el “aquí”, en cómo “llegar” en el fondo no es más que “volver a la casilla de salida”, pero en un tablero distinto. Qué aquí lo que sucede es que otra odisea comienza. Me admira ver como la mayor parte de ellos siguen sacando fuerzas de donde ya no parece haber. El calvario del papeleo comienza, las “oportunidades soñadas” no existen, y la vida no necesariamente es mejor que la que dejaron atrás. Reflexiono también sobre la migración como derecho y como necesidad, una realidad nada fácil de llevar, porque en la práctica – aquí – ves constantemente como esa parte de ser un derecho se difumina con exagerada y preocupante facilidad. Sale lo peor de mí cuando, a nivel político, escucho hablar de las “cuotas” de migrantes y su reparto, como si hablaran de una mercancía que no cabe en el almacén.
Es verdad que hay recursos de la administración pública, pero llegan a donde llegan. Infinidad comunidades y entidades religiosas ponen a disposición recursos propios, en los que se trabaja “sin miramientos” por y para las personas, mirando únicamente eso, a la persona, al margen de papeles y trabas burocráticas.
En estos mismos días, se habla mucho de la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) que apela al gobierno estudiar una regularización extraordinaria de unos 500.000 migrantes que están en nuestro país en un limbo, sin documentos, sin oportunidad de tener un trabajo legalmente, sin oportunidad de participar y contribuir plenamente de los derechos y obligaciones de nuestra sociedad. Más de 900 organizaciones, de todo tipo y entre ellas muchas de Iglesia como la Conferencia Española de Religiosos – CONFER, Cáritas, Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), solicitan al gobierno dar a estas personas un marco de derechos. Muchas entidades y muchas personas celebramos que el Congreso haya, por fin, aprobado tomar en consideración el tema de la regularización extraordinaria de personas extranjeras para su debate.
Celebramos el que, tras muchas reuniones y debates de despacho, la mayor parte de partidos políticos en el Congreso haya accedido a debatir sobre el tema. Me alegro y a la vez se que esta celebración es por un pequeño primer paso, nos queda un muy largo camino por recorrer, pero es ya mucho más de lo que teníamos antes. Ahora nos queda ese momento de debate, de que avance, de que la ley se formule y salga adelante, luego que se aplique…
Así que, volviendo a mi primer pensamiento, el de los chicos africanos que casi me llevan por delante en el metro, pienso en ellos y en otra mucha gente que lucha y que busca, y también en toda esta gente anónima y en tantas entidades que, desde “el otro lado” entiende que hay una lucha que continuar y sobre todo que, aún traducido en papeles, no dejamos de hablar de personas, que hoy son “ellos”, pero que mañana podemos ser “nosotros”.
La ILP, las entidades sociales, los recursos puestos a disposición por la Iglesia y tantas otras cosas, en el fondo, lo que hacen es rescatar, de alguna manera, la predicación de nuestro hermano Antón de Montesinos OP hace más de 500 años, ¿es que acaso no son hombres?
Mónica Marco csd
