Solidaridad

Mirada abierta a la realidad

Hace sólo tres días que llegué al Perú, y la sensación que tengo es que el país, de alguna forma ya no es como el que me encontré hace diez meses, o tal vez soy yo que lo mira con otros ojos.

Recuerdo que los primeros días de llegar aquí, todo lo veía con ilusión, y en el fondo todo me maravillaba, porque era algo totalmente nuevo para mí. Los puestos de la gente vendiendo pan, jugo o tamales en los caminos que van de Cusco a Quillabamba me parecían novedosos a la par que exóticos. Los mercados me sorprendían, y me siguen sorprendiendo, por la variedad de productos, tan distintos a los que tenemos en Europa.

Sin embargo, esta vez he visto más allá de la belleza del mercado. Durante el trayecto en bus desde Cusco a Quillabamba, volví a ver los puestos de carretera donde muchas mujeres, jóvenes y muy mayores, venden hogazas de pan, jugos o tamales. Aunque los productos son distintos, todas tienen una cosa en común: una mirada gris. Esta vez he captado esa tristeza por saber que no se puede optar a otro medio de vida, y en el fondo se resignan a sus circunstancias.

Algo parecido viví en los puestos del mercado de Quillabamba. La variedad de productos y colores, hace que el sitio se vea bellísimo, pero cuando miras a los vendedores, te encuentras a personas muy mayores, con la mirada apagada, cansada, pero sabiendo que tienen que seguir vendiendo sus productos para sobrevivir.

En este viaje me estoy encontrando con una realidad que, aún no ajena, si me interpela de forma distinta. No es que no supiese de dónde vengo, sino que, por un momento he sido consciente de un privilegio que se me ha otorgado por azar. Abrir los ojos a la realidad, viendo desde el corazón, ha hecho que me vuelva a preguntar: ¿se deben cerrar puertas a las personas que buscan vivir mejor? ¿No estamos llamados a crear un mundo más justo para todos y no para unos cuántos? ¿Construimos el Reino de Dios cuando cerramos estas posibilidades?

Es cierto que las respuestas no son fáciles, pero ignorar las preguntas cuando la realidad se muestra con crueldad, tampoco lo es.

Ángela I. Burguet