Cultura

¿Y si apostamos por la República?

Quienes me conocen saben que el título de esta entrada tiene una finalidad: «captatio». Y es que en este año -que sin duda alguna y a estas alturas del mismo se puede denominar como electoral-, escribir algo y que en ese texto aparezca de una manera o de otra la palabra «república», despierta, como mínimo, curiosidad. No es mi intención en este escrito alabar a los partidos de izquierda y machacar a los de derecha, ni lo contrario. Como tampoco pretendo convencer de que hay que ir a votar a ese porcentaje considerable de ciudadanos que no acude a las urnas. Cada cual sabrá, en conciencia, qué es lo que considera más oportuno para el conjunto de la sociedad, políticamente hablando. 

Sin embargo, he de reconocer que en cuanto se nos anunció el adelanto de las elecciones generales me vino a la mente un libro que leí hace ya algún tiempo. El libro lleva por título «Dignidad» (Galaxia Gutenberg, 2019); y su autor es el director de la «Fundación Juan March», el filósofo Javier Gomá Lanzón. Un libro que aborda la delicada cuestión del porqué no se piensa ni se reflexiona, desde la filosofía, sobre el concepto ‘dignidad’. Y es que, según su autor, es una «extraña omisión porque fuera de la filosofía disfruta de una presencia abrumadora» (p.17).

Cuando releemos un libro nos damos cuenta de que hay cosas que quizá no se percibieron en la lectura anterior; cosas que leímos muy por encima y tal vez sin profundizar -en mi caso si no hay mucho subrayado significa que la lectura ha sido superficial-.  Dignidad es un libro que hay que leer despacio para poder captar todo lo que su autor quiere transmitir. Un libro denso y de estudio que requiere concentración en la mesa del escritorio. Por eso, la primera vez que me acerqué a él puse toda la atención en su reflexión sobre la palabra «dignidad». En esta ocasión me he centrado en el tercer apartado del libro. ¿Por qué? Pues porque es aquí donde aparece el término «república» -motivo principal de esta nueva lectura-. Sí, Gomá Lanzón propone una república como sistema ideal de gobierno y convivencia. Pero no se trata de una república cualquiera. No. El autor del libro apuesta por una «república de la amistad». Lo sé, así de primeras y leyendo solo esta frase puede sonar a cachondeo, chiste y burla para quienes se dedican a la política; una broma de mal gusto para aquellos que no saben vivir sin el poder que les otorga el escaño. Pero es muy interesante a la par que serio, cómo nuestro autor propone la amistad como un modelo de ciudadanía ya que es la forma de manifestarse -según nos comenta en este apartado del libro- que posee más virtud. Una palabra esta -virtud- que los políticos han despreciado de una manera escandalosa y eliminado de la vida política -esto último no lo dice el autor; esto es de cosecha propia-.

¿Universalizar la amistad podría generar esa amistosa república que estaría construida sobre el respeto mutuo? -Otra palabra, respeto, que los políticos han despreciado aún más que la anterior-. ¿Una república donde no sería necesaria la ley jurídica porque, la amistad, de suyo, crearía una ley natural que obligaría lealtad, compañerismo y solidaridad? Es cierto, y no se debe perder de vista esto, que también comprometería y limitaría la libertad. Pero no para empobrecerla como está ocurriendo cada vez más desde los discursos y decisiones políticas actuales, sino para todo lo contrario.

Por ello, y aunque sé que es una utopía, algo irrealizable, por esta vez se debería apostar por la república que propone Gomá Lanzón. Sí, por la «república de la amistad». Porque es todo un ideal de ciudadanía, es más, el único sistema político en el que se podría experimentar, en palabras de Francisco de Vitoria, «que el hombre no es lobo para el hombre, sino amigo».

Fr. Ángel Fariña, OP