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No te dejes romper

Muchas veces voy a las librerías buscado algún libro -o libros- que me han recomendado. Libros que me harán mucho bien porque, quien me los recomienda, me quiere de verdad. Sin embargo, acabo de leer un libro que nadie me ha recomendado. Es más, lo encontré por casualidad. Su autor es un obispo francés, Gérad Daucourt; y el título de su obra es «Sacerdotes rotos» (SÍGUEME, 2023). Un pequeño libro de apenas 126 páginas que, he de decir, me ha sabido a poco. Sí, quería más -por no decir necesitaba más- porque es un poquito difícil encontrar en nuestros días un buen libro que te haga pensar, rezar y activarte todo a la vez.

«Sacerdotes rotos» es una publicación absolutamente pastoral. Se nota que Daucourt ha comprendido de manera correcta el «no he venido a ser servido» del Evangelio (Cfr. Mt 20,28). Y es que desgraciadamente por pastoral se entiende el tener las agendas llenas, mil y una actividades de ocio y entretenimiento y acumulación de celebraciones para, las más de las veces, autosatisfacer nuestras necesidades espirituales y otras afectivas, o para engrandecer, aún más, nuestro ego. ¡Y qué lejos está esto del Evangelio! Pastoral, eclesialmente hablando, es cuidar como lo hace todo buen pastor (Cfr. Jn 10,11), sin que una mano se entere de lo que hace la otra (Cfr. Mt 6,3). Y todo este libro nos habla de cuidar. ¿A quiénes? A todos aquellos que después de apostar por una vocación sacerdotal, sus actos, desconcertantes e inmorales, han destrozado toda su persona. Como también a todos aquellos que han sufrido  traiciones y desprecios tanto de clérigos -Daucourt reconoce que con algunos sacerdotes no fue buen obispo (p.16)- como de laicos, y han quedado rotos en mil pedazos.

Con un lenguaje divulgativo el autor del libro nos va adentrando en todas esas realidades que destrozan la vida sacerdotal. Desde el controvertido tema de la sexualidad mal entendida (p. 25) hasta el suicidio de sacerdotes (p.53), pasando por la realidad de los abusos (p. 49) y la traición al carisma (p. 57). Daucourt, en lugar de criticar las tinieblas y mantenerse en lamentos, aporta pequeñas luces de esperanza para que el cuidar del otro sea el soporte que ayude al sacerdote a no quedarse encerrado en los pecados del pasado, y para que aquellos que tienen heridas profundas aún sin cicatrizar, lo puedan hacer de la manera más sana. Y es que el libro es toda una invitación a «ser conscientes de nuestras debilidades, y a reconocer que no tienen por qué suponer -las debilidades- una incapacidad para vivir el ministerio» (p.9).

Hay dos cuestiones en el libro que, aunque no son las centrales, a mí me han llamado la atención. La primera es la propuesta que hace el autor sobre el modelo de parroquia para nuestros días. Él apuesta por «pequeñas comunidades de fe». Dice de manera literal: «Creo que, antes que la parroquia, los cristianos necesitan una comunidad más pequeña que permita verdaderas relaciones de apoyo mutuo, así como compartir la vida y la fe. Nuestras parroquias no son comunidades. Necesitamos reconstruir un tejido eclesial a partir de pequeños grupos para que no se conviertan en sectas ni en células cerradas» (p. 35). Se puede decir más alto, pero no más claro. La segunda cuestión es una advocación a María. Parece ser que Daucourt es devoto de «Nuestra Señora del No» (p.21). Prefiere a María del «no», antes que la del «sí». Y lo argumenta de una manera muy clara: «’Nuestra Señora del No’ rechazó muchas solicitudes, diciendo rotundamente sí y para siempre» (p.21).

Así pues, que Santa María, «Señora del No», interceda y nos cuide para saber y poder decir «no» a todo aquello que nos destroza humanamente. Como también, para poder gritar un «no» tajante y rotundo a todos aquellos que disfrutan viendo cómo se rompe, por su culpa, nuestra vocación.

Fr. Ángel Fariña, OP