Un museo diferente, ubi caritas
Mientras las calles de Salamanca y los alrededores de las Catedrales se llenaban de turistas, mientras la semana santa se engalanaba de cristos y capirotes, mientras las terrazas se inundaban de cerveza, un rincón algo apartado del claustro de la catedral vieja acogía la exposición “Museo sin Hogar: Esperanza sin cobertura. Se trata de un proyecto ideado y elaborado durante más de seis meses por 120 participantes, incluyendo 50 personas sin hogar y 30 voluntarios y trabajadores de Cáritas (de la casa de acogida ‘Padre Damián’, de Cáritas Salamanca, de Cáritas Diocesana de Burgos, del Centro de Día de Personas sin Hogar de Cáritas Valladolid; la casa de acogida ‘San Vicente de Paúl’ y el Centro de Integración Social ‘Fundación Lesmes’) Todo esto para señalar el logro de un trabajo comunitario, en principio regional donde se trata de dar voz a las personas sin hogar y visibilizar su vida y su día a día. A través de 6 salas que recrean un pequeño museo, se denuncia la vulnerabilidad de estas personas, al tiempo que se muestran sus ilusiones y esperanzas, sus fracasos, y las dificultades que encuentran en sus trayectorias de reinserción. Lo primero es hacerse ver y oir, de hecho muchos de ellos, junto con algunos voluntarios vamos haciendo la guardia y las visitas guiadas, estos dias hasta mediados de mayo, día a día y semana a semana. Esta exposición que ya ha pasado por Burgos y Valladolid, seguirá su itinerancia al igual que los mismos protagonistas del proyecto, de ciudad en ciudad, de puerta en puerta.
https://www.caritasalamanca.org/campanas/exposicion-museo-sin-hogar-esperanza-sin-cobertura/
Museo sin hogar, pero ¿qué es un museo? Normalmente pensamos en valiosas obras de arte, tanto religiosas como profanas.También existen los museos de la guerra o del holocausto…
Detengámonos un momento a reflexionar sobre el museo, el hogar, la casa, la calle, etc. Algunos transeúntes se acercan preguntando de que se trata, otros pretenden colarse por esa puertita de ilusiones rotas al claustro de la catedral sin pagar. Muchos se dan la vuelta, cuando les indicamos de qué se trata. Pensemos también en las palabras que denominan realidades como esta, sin duda es un museo feo, efímero, y sin embargo… Homelees, sans abri, clochards, vagabundos. En cualquier caso personas, personas expuestas pero invisibles en la calle, invisibles para su familia, invisibles para las noticias y las imágenes de las ciudades con ganas de fiesta, que se recuperan en sus romerías después de la pandemia, y hacen cómputo de la felicidad creciente: incremento de de votos previsible, ingresos y ganancias de los bancos (no los del parque, claro, como los que vemos en esta exposición, sino los de las finanzas) precios de la cesta de la compra, terrazas y playas ebrias de sol, asistencia a eventos multitudinarios, índices de consumo, etc.
Lo que mostramos no es agradable y difícilmente computable. A través de 21 piezas, todas ellas creadas por personas sin hogar, se recorre su realidad: las causas (más allá de prejuicios) que llevan a hombres y mujeres de distintas edades a situaciones límite. Comenzamos el recorrido desde lo hondo del abismo (¡a ti grito, Señor!), mantas y restos del tetrabrik de vino sobre las sucias aceras, imaginamos a alguien durmiendo sobre un cartón, quizá de permiso penitenciario (ah, la libertad soñada) la llegada a un albergue, a un piso compartido. La autoestima derrotada, la dignidad pisoteada, cómo se ven y cómo la sociedad (no) los mira, los estereotipos que les estigmatizan, su situación, en definitiva “fuera de cobertura”.
Este museo tiene el mérito de lo efímero y detrás un grito mudo, el de las personas que lo han construido, tiene también un trasfondo de compasión y piedad, amparado por prudentes y silenciosas vírgenes románicas que adornan el centenario claustro, o por una piedad de piedra policromada que remata el maniquí desdoblado y desnudo, roto por las inclemencias del tiempo.
Menos efímero y más artístico es el banco de bronce replicado en varias ciudades desde 2013 donde el escultor canadiense Timothy Schmalzde nos ofrece la imagen de Jesús tirado en un banco, que simboliza a las personas sin hogar que duermen en la calle.Timothy Schmalz había creado en 2013 la obra Jesús sin techo (Homeless Jesús) como una forma de denunciar la situación de estas personas. Podemos reconocer a Jesús recostado bajo la manta con los pies descalzos. Apenas se le distingue el rostro, pero son bien visibles los estigmas en los pies.
El primer Jesús desamparado se ubicó en 2013 en la escuela de Teología de los jesuitas de Toronto, el Regis College. La segunda escultura llegó hasta el Vaticano, donde el Papa Francisco la bendijo. «Tocó sus pies y la describió como una hermosa obra de arte. La imagen representa lo que él está haciendo, tocar a las personas desamparadas», señala el artista, que donó la escultura a los Archivos Vaticanos. Loable es reconocer la belleza y el valor, sin duda testimonial, de estas obras de arte. Sin embargo…, sin embargo admiramos la obra de un dolor simbólico cuajado en el bronce y despreciamos o ignoramos lo que vive: la manta deshilachada, el cartón de vino roto, la jeringuilla, la basura, el cajero cerrado para no ensuciar, documentos caducados, móviles sin cobertura. Amamos el arte de una piedad, una crucifixión que procesiona, un viacrucis en los frescos del XVII de la catedral, la espléndida virgen de la leche, junto a una cama desvencijada, la huida a Egipto, etc. Luego miramos para otro lado, ante la sombra amenazadora de las migraciones. Analizamos los símbolos y descascarillamos las realidades que representan.
Por eso creo que vale la pena deambular por este pobre y feo museo, por eso hay que visitar la catedral de Salamanca con esta herida dentro. Pues ¿no fueron acaso las catedrales refugio de pecadores, peregrinos y transeúntes, no fueron espejo vivo de las obras de misericordia? Entremos, pues, en este claustro, donde no hay belleza, sin miedo.
Sagrario Rollán
