Los niños pobres, de espíritu
Ayer, penúltimo domingo de octubre, celebrábamos el día Mundial de la Misiones. Día en que la Iglesia recuerda de una manera especial a las misiones y misioneros del mundo. Y recuerda la responsabilidad que tenemos los cristianos de la labor evangelizadora.
El concepto misión ha ido ha cambiando con los años. La Iglesia, en la época de la conquista, siempre acompañaba a los descubridores en sus aventuras con el fin de tener presencia “en el nuevo mundo” y daban a conocer a los pueblos originarios quién era Dios, su Palabra, los valores y tradiciones cristianas. Hubo un cambio importante en la forma de evangelizar cuando nuestro fraile dominico Antón de Montesinos pronunció su discurso en defensa de los indígenas y denunciando algunas atrocidades que se estaban cometiendo contra ellos. De esta forma, la misión se convierte en una trasmisión de fe, a favor de los derechos y la dignidad de todas las personas fueran del lugar que fueran. Las distintas órdenes comenzaron a mandar a sus religiosos y religiosas a diferentes lugares, mayoritariamente desde Europa hacía América Latina y África. Jóvenes misioneros con inquietud, con ganas de conocer el mundo y de luchar contra las injusticias que se iban conociendo (hambre, revueltas, guerras). Dejaban todo para desplazarse a los diferentes “lugares de misión”. Viviendo en los distintos sitios, realizaban su labor evangelizadora conociendo a las personas del lugar, aprendiendo su cultura y trasmitiéndoles un mensaje de paz y esperanza en situaciones tan complicados de sobrevivir. A muchos de nosotros nos pudieron llegar estas primeras historias misioneras a través del colegio, la parroquia, cuando alguna misionera española contaba su vida en África o América y plasmaba las dificultades que allí se encontraban. Con ello se podía concienciar y recaudar dinero para estas causas. Muchos de nosotros también participamos en la hucha del Domund, coloreándola para luego pedir dinero a nuestra familia “para los niños pobres”. Y saliendo con nuestra hucha por la calle para este mismo fin. Era un día para que los niños y los jóvenes fuéramos conscientes que había niños en realidades muy diferentes a las nuestras.
Los mensajes para este día del Domund se han ido modificando según los cambios que se producían en la sociedad. El lema de este año ha sido: “Seréis mis testigos”. Y tengo que decir, que considero que lo soy.
He tenido la suerte de conocer no solo en España, sino también en Guatemala, en México y en Cuba a diferentes mujeres que salieron de sus países con el fin de acompañar, de trasmitir esperanza y luchar por los derechos de tantísimas personas que sufren injusticias. Mujeres que con su ejemplo de vida me enseñaron la compasión, la fraternidad, el poder de la oración, la alegría y la esperanza. Me enseñaron que solo acercándome a la realidad, a las personas fueran como fuera, sin juzgarlas, tratando con dignidad, solo ahí podría encontrar a Dios. Poder estar a algunas zonas de estos países y de Guinea Ecuatorial, con una actitud de encuentro, de compartir, de confiar en la providencia, me ha enseñado que Dios está presente en el amor fraterno, en la humildad, en la sencillez, en las dificultades que se sobrellevan con esperanza, en la alegría, en la oración. Tanto aprendí de los favoritos del Reino que, me pregunto ¿quién evangeliza a quién?
En la actualidad, nuestra cultura occidental cada vez más consumista, individualista, rápida, donde se le está dando importancia a otros “dioses” como el dinero, el poder… nos convertimos en “niños pobres” de espíritu que piden a gritos una nueva evangelización. Parece que se invierten los papeles y los que un día consideramos del “3º mundo”, son los que tendrán que “ir de misión” a Europa para darnos a conocer a Dios y sus valores de Amor y Esperanza.
Belén Rodríguez Román
