Juntos Somos más Fuertes
Después del huracán Fiona que ha destrozado casas y cultivos en la misión de El Seibo admiro la comunidad unida y su resiliencia para ponerse a reconstruir todo. No pierden ni un minuto, porque saben lo que esto conlleva. Leo en un estado “Juntos somos más fuertes” y tienen toda la razón, pero cuánto nos cuesta darnos cuenta. Es admirable cómo se ayudan unos a otros, para acoger a los que lo han perdido todo.
Sigo leyendo estados: “En mi casa hay luz para el que necesite cargar algo, sin nada a cambio”. “Sabemos plomería, carpintería, electricidad residencial, entre otras cosas que pueden ayudar en esta situación. Cuando necesiten pueden escribir y estaremos ahí sin ningún costo, solo queremos ayudar en lo que podamos”. Allí hacen vida eso de “todo lo tenían en común y lo repartían según su necesidad”. Ponen los dones al servicio de la población, han entendido perfectamente la parábola de los talentos y cómo los dones dan fruto al compartirlos.
Los proyectos de la misión de El Seibo han quedado muy dañados, pero juntos están reconstruyéndolo todo, animándose unos a otros. Qué importante es estar presente en estos momentos. Al día siguiente ya habían empezado a recoger productos (alimentos, ropa, higiene, útiles escolares…) en radio Seibo y las parroquias de dominicos del país, para llevar a las familias más afectadas.
Hablo con el misionero, y me dice que poco a poco están resucitando. Los creyentes no podemos quedarnos en la muerte, tenemos que resucitar, creemos en un Dios que vive y nos quiere vivos a pesar de las dificultades, que no son pocas. La esperanza y confianza en ese Dios que les impulsa y acompaña les hace tirar hacia adelante para seguir luchando por la dignidad.
La fuerza de la naturaleza vuelve a hacer daños materiales, pero hace resurgir la fraternidad. Dios sale al encuentro a través de los hermanos para compartir el trabajo que queda por hacer: abrir camino a los campos quitando los árboles que han caído y arreglando los puentes que han quedado destrozados, repartir alimentos, poner los techos de las casas que han volado, reconstruir las casas…Es tiempo de sembrar, los cultivos han quedado muy dañados, ya pronto cosecharán. Después de tanta lluvia y viento ensordecedor, el sol vuelve a brillar. Cuánto antes vuelvan a la cotidianidad mejor.
Belén Sánchez Gil
