Religión

VIA CRUCIS LA LLAMA. Tercera Estación.

Jesús cae por primera vez.

Imagen: Jesús cae por primera vez. Tercera estación del Via Crucis. Fray Félix Hernández, OP. www.felixhernandez.com

Del Libro del profeta Isaías
«Él cargó con nuestros males y soportó todas nuestras dolencias. ! Nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y humillado. Más fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera, y fuimos curados con sus heridas.»

Jesús cae por primera vez. No será la única vez que lo haga a lo largo del camino al calvario. Jesús es vencido por el agotamiento, tiene el cuerpo ensangrentado debido a las flagelaciones, además, en la cabeza lleva la corona de espinas. Y, lo más importante, a la espalda carga una pesada cruz, que poco a poco, le va minando las fuerzas.

La cruz que carga no es liviana, ya que, representa todos los pecados y los males de este mundo. Pecados que más que nunca siguen estando muy presentes. Las guerras, la violencia, el racismo, la falta de acogida o el cinismo siguen marcando nuestro día a día y, de alguna forma, siguen alimentando esa cruz que lleva Jesús a sus hombros.

Si nos paramos a pensar y volvemos la vista hacia nuestro interior, podemos reconocer que cada uno de nosotros carga sobre su espalda una cruz. Observamos nuestras preocupaciones y problemas, pero no sólo eso, sino también nuestros errores y pecados. Muchas veces nuestra cruz nos es muy pesada, y hace que nos sintamos sobrepasados. Además, al igual que Él, en nuestro camino también hay acciones que nos flagelan y hacen que sangremos. Actos que minan nuestra fuerza y provocan nuestra caída. Pero… ¿qué nos hace levantarnos?

¿Has pensado alguna vez cuál es tu cruz? ¿qué te hunde e impide avanzar? ¿qué te hace seguir adelante?

Jesús, con esta primera caída, nos está dejando ver su rostro más humano. De alguna forma muestra que Él también se sintió superado por esa pesada cruz, que necesito parar, respirar, tomar fuerzas, ver qué había en su interior, conectar y confiar en Dios. Cayó, pero se volvió a levantar. Cogió esa pesada Cruz, se la volvió a poner a la espalda y siguió andando. 

Y tú, ¿estás dispuesto a ponerte en manos de Dios para que te ayude con tu cruz?

Ángela Burguet