Opinión

Navidad en familia

Para todo cristiano, Navidad es un momento especial en el año. Según a quién preguntemos, la respuesta espontánea sobre que hace que la Navidad sea significativa pueda variar, pero las más frecuentes suelen ser los (re)encuentros y la familia. Esto es siempre importante, y en Navidad lo es más todavía. Esta Navidad, para mí, ha girado en torno a una familia distinta que me ha hecho tomar conciencia de que el concepto de familia puede ir mucho más allá de nuestra familia (biológica) más próxima y de una serie de encuentros que han aportado luz y significado.

               Aquí (en Yaundé), los días previos a Navidad estuvieron repletos de celebraciones de Navidad en Familia. En todas las parroquias, hubo una tarde dedicada a la Navidad en familia. Aprendí que esta familia es la comunidad parroquial, que tiene – en general – unos lazos muy fuertes. En la parroquia del barrio se celebró con un concierto de las diferentes corales, una representación teatral a cargo de los niños, grupos que bailaron… toda una tarde encuentro, celebración, y alegría por el Niño que nace.

               En la comunidad celebramos también nuestra Navidad en familia, esta familia que por opción formamos. Una celebración más centrada en el Misterio en sí, en la alegría del nacimiento de Jesús y no un mero “cumpleaños más”, sino todo un acontecimiento que hemos esperado, preparado, y que ahora celebramos a lo grande, porque este Niño que nace es el que viene a iluminar nuestra vida y por tanto nuestro mundo.

               Nosotras también celebramos la Navidad en familia con algunos de los peques de nuestro barrio: “les petits dominicaines” que cada domingo puntualmente vienen a la reunión de su grupo aquí en nuestra casa y son parte de la familia. También la familia más extendida, pues se sumaron hermanos, otros vecinos del barrio, y los hijos de algunos compañeros del hospital. ¡Fue toda una celebración! Los niños hicieron un pequeño sketch de la escena de la natividad, luego cantamos, bailamos, repartimos regalos de navidad y compartimos palomitas, bombones y un refresco. ¡Los niños se iban encantados! Fue toda una fiesta.

               Y como Navidad también se trata de compartir, compartimos también con nuestro amigo Baton, quien se presentó de improviso en casa, elegantísimo con un traje de chaqueta gris, y acompañado de su amigo Mabelé, que venía encantado a celebrar, aunque es musulmán. Ambos pasan por la comunidad de cuando en cuando, y en las fiestas son visita imprescindible. Decían que un día de fiesta sin venir chez les soeurs no es fiesta de verdad.

               Por último, un grupo nos fuimos a celebrar a casa de maman Immaculée, una mujer de la parroquia, de las de siempre, de esas que abren su casa a todo el que quiera compartir un rato y un puñado de cacahuetes. Aquí nos encontramos otra celebración de Navidad en familia, pues su familia estaba ahí para celebrar navidad ¡y también su cumpleaños! Nosotras nos unimos y lo mismo hicieron un grupo del coro. Nos encontramos ahí con otra familia, que aún sin conocernos a todas, nos abrieron su casa y su celebración.

               No faltó la Navidad en familia con mi “familia-familia” ¡una cita imprescindible! con quienes pude también celebrar gracias a la tecnología, nuestra videollamada, aunque más corta de lo que a todos nos hubiera gustado, nos acercó y nos permitió compartir la alegría de este encuentro.

               Todo fueron celebraciones, todas en familia y cada una a su estilo. En todas hubo un elemento común y fue el celebrar la alegría del nacimiento de Jesús, que siendo Dios decide abajarse y venir a ser como uno de nosotros. Una alegría inmensa, gratuita, de corazón, que todas las familias con quienes tuve oportunidad de celebrar, la comparaban con “como cuando cortan la luz en el barrio, y todo es oscuridad y silencio, pero cuando vuelve nadie puede evitar gritar y aplaudir de alegría”. Así de sencilla y profunda es la alegría cuando brota, de verdad, de lo más hondo de cada uno de nosotros por este Misterio (con mayúscula) que nace.

               Es esta luz que se nos da, la que celebramos y compartimos. Que sin ella vivimos en la oscuridad, el desánimo y la muerte; pero cuando llega a nuestra vida todo se ilumina, se anima y vive. Ojalá que la alegría de la Navidad en familia nos acompañe durante todo el año, y seamos capaces de custodiar y compartir la luz que nos trae para que sea vida y vida en abundancia.

Mónica Marco

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