Y ahora… ¿qué?
Especial Visita del Papa León a España
Ha finalizado la visita apostólica a nuestro país del Papa León XIV y ahora queda leer y analizar con atención y detenimiento todas las ideas y conceptos que nos ha querido transmitir en sus discursos y homilías. Me ha sobrecogido especialmente estos días el silencio respetuoso y la comunión fraterna, de algunos actos multitudinarios al aire libre. Seas creyente o no, es impactante. Miles de almas unidas por una sola causa que es Jesucristo, el Amor.
He leído en redes sociales que ninguna institución congrega a tantas personas en torno a un líder (en este caso el cabeza de la Iglesia católica). No sé si eso es cierto o no, pero lo que sí hemos podido comprobar cada día de esta visita es que personas creyentes o no creyentes, han salido a la calle a saludarle o simplemente, por curiosidad, para ver si le veían pasar en el papamóvil. Es decir que a casi nadie le ha resultado indiferente esta visita. La cuestión es que el Papa León nos ha llenado el corazón y el alma con su sencillez, su bondad, su sentido del humor y sus palabras firmes dictadas sin miedo, con el Evangelio siempre como referencia.
Un Papa idóneo, creo, para esta sociedad enganchada a la tecnología y al individualismo. Un hombre muy inteligente, sabio y muy formado en materias multidisciplinares, con una sólida preparación intelectual y jurídica, que nos recuerda lo esencial: la dignidad de la persona, la fragilidad, la caridad, la paz en tiempos de guerra y sobre todo el Amor. Amor, que ya nos recordó en la homilía del domingo del Corpus, debe estar orientado al prójimo porque de nada sirve “arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”.
Además, ha sido el primer pontífice en ser recibido en sede parlamentaria en España; el primero que ha intervenido en el Congreso de los Diputados ante senadores y diputados reunidos en las Cortes Generales. Ha tenido palabras críticas y valientes dirigidas a todos los sectores políticos y se mantuvo firme en temas relacionados con la defensa de la vida.
El Papa nos ha advertido, criticando de manera constructiva, una fe ritual o identitaria, que no tiene en cuenta al hermano. No se puede uno proclamar católico, ser miembro activo de una parroquia o participar en proyectos religiosos, enarbolando la fe de Jesucristo, y luego despreciar al hermano por pensar o ser diferente. Su idea fue clara (porque parece que a León XIV no le tiembla el pulso a la hora de volver al Evangelio), no puede separarse el amor de Dios del amor del prójimo, especialmente del más frágil.
Ahora, una vez que el Papa León XIV regrese a Roma, queda aplicar todo lo que nos ha recordado (que no era nuevo) y pensar si en nuestra cotidianeidad, amamos al hermano que tenemos al lado; si utilizamos palabras amables para dirigirnos a las personas con las que convivimos, familia u otro tipo de convivencias. Preguntarnos qué vamos a hacer cuando pasemos junto a una persona sin hogar, o si en la iglesia se sienta a nuestro lado alguien “poco recomendable” y nos vamos a cambiar de banco porque huele mal.
Probablemente continuaremos con nuestras vidas, cometiendo los mismos errores, pero con mucha más esperanza y con la inyección de fe que nos ha transmitido el Papa León para volver a lo esencial.
Ojalá consigamos cambiar nuestro entorno solo un poco y con eso podamos contribuir a construir una sociedad mejor, más justa, igualitaria y más afín a los valores del Evangelio. El Papa nos lo ha pedido con su amabilidad, bondad y simpatía; tenemos todo un periodo estival para intentarlo y comenzar el curso renovados y llenos del Espíritu.
Clara Tascón
