VIA CRUCIS LA LLAMA. Decimosegunda Estación.
Jesús muere en la Cruz
Imagen: Muerte. Decimosegunda estación del Via Crucis. Fray Félix Hernández, OP. www.felixhernandez.com
Del Evangelio de Mateo
Jesús. dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
Tú no buscabas la muerte. Te encontraste con ella en tu camino hacia el Padre. Tampoco fuiste a la muerte por voluntad de Dios, para recabar ante él el perdón, el rescate y nuestra salvación. El Dios ‘abbá’ no está sediento de sangre, no necesita sacrificios, tampoco ofrendas ni devociones.
Lo cierto es que nadie te entendía, ni siquiera tus discípulos. Pero ¿nosotros? ¿Nosotros te entendemos? Nos cuesta tanto comprender tu acto supremo de amor. Nos cuesta comprender que no es la cruz la que nos salva, ni la sangre, ni el dolor; es el amor crucificado en ella, tu amor, Tú.
Hemos convertido la cruz en un pretexto, en un subterfugio para no verte. Y es que tu muerte en la cruz significa que Dios está ahí, sufriendo con nuestro dolor, compartiendo nuestra angustia, nuestra misma muerte. Un Dios ‘todo débil’ y humillado, hasta la misma muerte y más allá.
Tu muerte en la cruz, Jesús, es consecuencia de tu vida entregada, partida y repartida. Tú te ‘desvives’ para regalarnos vida, para enseñarnos a vivir una vida abundante, plena y dichosa. En la cruz nos invitas a adentrarnos en el amor insondable de un Dios sorprendente, que nos ama de una manera loca e increíble, sin límites.
Cuando te veo en la cruz me sumerjo en tu último misterio: nuestro dolor te afecta, te salpica; mi dolor te importa, yo te importo. No te quedas impasible, distante, ajeno. Tú estás en todos los Calvarios de este mundo, en todas las víctimas de la avaricia, del afán desmedido de lucro, de la violencia fratricida. Estás en todos los crucificados de nuestro mundo y frente a los violentos, los racistas, los homófobos, los machistas.
Nos hemos acostumbrado a mirar tu cruz, a verte ahí muriendo, para evitar ver a los crucificados de nuestro mundo que están ante nuestros ojos: parados sin prestaciones, desahuciados, personas sin trabajo, mujeres maltratadas, miles de niños muriendo de hambre, gentes expulsadas de sus tierras, ciudadanos engañados por la banca y los gobernantes, enfermos desatendidos, encarcelados.
La cruz es consecuencia de tu amor sin límites, de tu firme voluntad de ser fiel hasta el final, respaldando con tu vida tus palabras. De tu amor crucificado nace la resurrección, la vida y la esperanza. Sólo si el grano de trigo es sepultado y muere, nacerá vida plena, Tu Vida.
Ricardo Aguadé, OP
